La Irresponsable y millonaria industria de las bebidas energizantes se campea por nuestros colegios y barriadas

Por: Miguel Bettin. Ph.D. en Psicobiolgía.

El consumo de bebidas energizantes se asocia al consumo de alcohol, marihuana, cocaína, éxtasis, metanfetaminas, popper y con ello a conductas problemáticas (Terry-McElrath YM, Oαmalley PM, Johnston LD. 2013).

Además de lo anterior, es de considerar que algunos de los componentes de las denominadas bebidas energizantes, son riesgosos para la salud de las personas que ingieren estas bebidas en grandes cantidades, (Beckford, K. y Otros, 2015). Es de anotar que se viene dando una tendencia entre los jóvenes a ingerirlas de manera desmedida.

Las denominadas bebidas energizantes se venden hoy indiscriminadamente, como el elixir revitalizador, como el antídoto del cansancio y el desgano, contrariando lo que señalan algunos estudios (Sánchez JC, y otros, 2015).

Desafortunadamente en nuestro país al igual que en muchos otros, se ha puesto de moda el consumo de bebidas energizantes, mal llamadas así, obviamente como gancho seductor para producir ventas masivas, que a fe de verdad han logrado; más de 26 mil millones de dólares en ventas al año, especialmente a adolescentes y jóvenes. (Malinauskas BM, y otros, 2007).

En efecto la gran industria detrás de ellas, las promueve como bebidas que eliminan la fatiga, productos que incrementan el rendimiento y lo que es peor, que incluso mejoran el funcionamiento de procesos cognitivos y las relaciones sociales.

La publicidad sin escrúpulos las anuncia con todas estas supuestas bondades utilizando personajes de la farándula o modelos que se prestan para ello, y oculta malintencionadamente los efectos adversos de su consumo tanto en lo físico como en lo psíquico, o cuando más, asoman tímidamente tenues avisos a pie de imagen que parecen advertir los riesgos. De otra parte, los organismos 2 jurídicos que deben encargarse de sancionar la publicidad falsa hacen oídos sordos a la escandalosa parafernalia publicitaria, que cuando menos resulta poco objetiva.

Peor aún la forma como se promueven las bebidas energizantes y por sobre todo lo que dicen lograr, se instaura dentro del tipo de mensajes que promueven la cultura adictiva. Mensajes que prometen que al consumir una sustancia, se adquieren mágicamente facultades deseadísimas por todos; mayor concentración, simpatía, sociabilidad, motivación. Facultades que sabemos, sólo surgen como resultado de aprendizajes a partir de experiencias de vida, de trazarse propósitos y disciplinada y esforzadamente lograrlos, de persistir en la búsqueda de ellos pese a las dificultades, de producir cambios en el estilo de vida, de adquirir conocimientos para mejorar la existencia, y no como resultado de la ingestión de una pócima o de hacerse un baño con esencias especiales o de fumarse una hierba.

Además de las consecuencias adversas que trae el consumo excesivo de los componentes de las bebidas energizantes, tal vez el aspecto negativo más importante que debe ser resaltado, es que a partir de la publicidad engañosa con que son promocionadas, atribuyéndoles beneficios que no tienen, ha hecho carrera entre los jóvenes la falsa creencia de que las bebidas energizantes evitan o detienen la borrachera, con lo cual el consumo de estas bebidas se incrementa en las noches y fines de semana asociado a la ingesta de alcohol.

No hay evidencia alguna que demuestre que el consumo de estas bebidas, que, si bien son estimulantes, atenúen y mucho menos eliminen los síntomas de la embriaguez. Las bebidas estimulantes, precisamente por dicho efecto, producen la falsa percepción de no estar embriagado, no obstante, la coordinación motora continúa alterada, la percepción visual y auditiva se hallan empobrecidas y con ello la capacidad de reacción sigue disminuida. El 87,6% de quienes las han consumido en Latinoamérica las han mezclado con alcohol (Heckman M, Sherry K, Mejía, 2010). En esencia los consumidores tienen edades entre 14 y 25 años (Attila S, Cakir B. 2010).

Se estima que existen casi 400 de estas bebidas en el mundo. En términos generales están compuestas por taurina, por glucosa en altísimas 3 concentraciones y por cafeína, está última es reemplazada o combinada en algunos de estos productos por un extracto vegetal llamado guaraná. El guaraná está compuesto en un 36,8 mg de cafeína, con lo cual cuando tienen de ambas los niveles de cafeína aumentan considerablemente. A algunas de estas bebidas les adicionan también minerales y vitaminas.

En Colombia hay más de 50 bebidas del tipo energizantes registradas. Con seguridad las empresas detrás de las mismas cuentan irónicamente con un departamento de responsabilidad empresarial.

Entre los jóvenes, los universitarios y especialmente los estudiantes de medicina son quienes más las consumen, con la creencia de poder lograr un mayor rendimiento académico como en otrora sucedió con la Ritalina. (Brache K, Stockwell T. 2011).

En Colombia el control de la ingestión de estas bebidas es muy endeble, tanto en materia de publicidad como en la regulación misma de su consumo. (Ministerio de la Protección Social. Colombia. 2009).

Estamos en presencia una vez mas de la supremacía del capital sobre el bienestar humano y lo que es peor aún, del bienestar de los niños, pese a que las leyes anteponen sus derechos a cualquier otro.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Attila S, Cakir B. Energy-drink consumption in college students and associated factors. Nutrition. 2011;27:316-22.

Beckford K, Grimes CA, Riddell LJ. Australian children inverted question marks consumption of caffeinated, formulated beverages: a cross-sectional analysis. BMC Public Health. 2015;15:70.

Brache K, Stockwell T. Drinking patterns and risk behaviors associated with combined alcohol and energy drink consumption in college drinkers. Addict Behav. 2011;36:1133-40. 4

Friis K, Lyng JI, Lasgaard M, Larsen FB. Energy drinks consumption and the relation to socio-demographic factors and health behaviour among young adults in Denmark. A population-based study. Eur J Public Health. 2014;24:840-4.

Heckman M, Sherry K, Mejía D, González E. Energy drinks: An assessment of their market size, consumer demographics, ingredient profile, functionality, and regulations in the United States. Compr Rev Food Sci Food Safety. 2010;9:303-17.

Malinauskas BM, Aeby VG, Overton RF, Carpenter-Aeby T, Barber-Heidal K. A survey of energy drink consumption patterns among college students. Nutr J. 2007;6:35-41.

Ministerio de la Protección Social. Resolución 4150 de 2009, por la cual se establece el reglamento técnico sobre los requisitos que deben cumplir las bebidas energizantes para consumo humano. Bogotá; 2009. 7p.

Sánchez JC, Romero CR, Arroyave CD, García AM, Giraldo FD, Sánchez LV. Bebidas energizantes: efectos benéficos y perjudiciales para la salud. Perspect Nutr Humana. 2015;17: 79-91.

Snipes DJ, Benotsch EG. High-risk cocktails and high-risk sex: examining the relation between alcohol mixed with energy drink consumption, sexual behavior, and drug use in college students. Addict Behav. 2013;38:1418-23.

Souza M, Cruz L. Bebidas energizantes educación social y salud. Rev Mex Neuroc. 2007;8:189-204.

Thombs DL, O’Mara RJ, Tsukamoto M, Rossheim ME, Weiler RM, Merves ML, et al. Event-level analyses of energy drink consumption and alcohol intoxication in bar patrons. Addict Behav. 2010;35:325-30.

Terry-McElrath YM, Oαmalley PM, Johnston LD. Energy drinks, soft drinks, and substance use among United States secondary school students. J Addict Med. 2013;8:6-13.

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