Estado, Criminalidad y Paz. Factores Criminógenos y Políticas Públicas para la Prevención de Conductas Antisociales

Juan Federico Arriola

Cantero Universidad Iberoamericana de México

El Estado como institución tiene varias obligaciones jurídicas, políticas y éticas: educación, desarrollo económico, garantizar el respeto a los derechos humanos, generar empleos, consolidar el Estado de Derecho y la democracia y finalmente lograr la paz. Sin duda, todos los países enfrentan la criminalidad.  La diferencia entre ellos, es el modo. Si no hay eficacia en el combate a la criminalidad surge la impunidad y ésta es violatoria de los derechos humanos, al negar en la práctica, el acceso a la justicia. El marqués de Becaría, desde mediados del siglo XVIII, en su obra De los delitos y de las penas, había escrito la importancia de que el Estado previniese los delitos. Es mejor prevenir que castigar. Desde la vertiente económica, la falta de prevención de los delitos, ha generado gastos enormes que no se han traducido siquiera en algunos casos, como el mexicano, en la disminución sensible de los delitos más graves.  En el ámbito internacional, es sabido que la paz es mucho más que la negación de la guerra. La paz es un proceso largo, en el que se requiere de respeto de todas las personas hacia sus conciudadanos y extranjeros y además es importante que la criminalidad sea estudiada, prevenida y atacada a través de leyes, políticas públicas, autoridades capacitadas y presupuesto acorde a las necesidades públicas.  Todo lo anterior puede ser inútil, si no hay generación de empleos, calidad educativa y desarrollo económico continuo.  Los Estados reactivos suelen fracasar, en cambio, los Estados volcados a la prevención tienen mejores resultados, aunque no es menos cierto que no todos los delitos y crímenes no son prevenibles, por ejemplo, los pasionales.

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